La
experiencia, y la observación de eventos, es lo que ha permitido a los seres
humanos, desde tiempos inmemorables la consecución de objetivos que se plantean
como difíciles y hasta imposibles.
Durante años, quizás décadas o más, los factores de poder han manejado
los hilos del poder estratégicamente, con muy buenos resultados a mi entender,
las polarizaciones y los deseos de algunos se han impuesto a fuerza o
soterradamente en las mentes de muchos, dejando a un lado las eternas luchas
entre factores de poder, aprendieron a convivir y a no pisar puntos de honor, a
negociar y sobrevivir, he ahí la base la llamada diplomacia mundial, donde los
intereses económicos, personales, políticos y otros han aprendido a vivir en
esa frágil balanza que los mantiene unidos por un bien común, lo malo que ese
bien es el de ellos, no el de todos.
Entiendo que el termino todos, aparte de ambiguo, es utópico cuando se
habla de macro políticas, es imposible atender o gustar a todos, pero ese hilo
conductor entre poderes, al menos respetaba las delicadas maneras del lenguaje
para no autodestruirse y respetarse al menos en el tras cámara.
El tiempo ha pasado, desde la guerra fría, desde los argumentos de creación
de estructuras imposibles pero potables como la ONU, y hoy el escenario es otro
y algunos hasta se han dado cuenta.
El 6to poder, su peso, su forma y su estructura, pese a lo que muchos
puedan decir, que se acoplaba al común denominador más bajo, que no tenía una ética
de libertad si no deudas partidistas que reflejaban en sus posiciones, bien o
mal, era el mejor muro de contención contra todo lo que ocurriese, porque lo hacía
público, porque lo exponía al desprecio o simplemente porque dejaba dudas razonables
sobre un hecho.
Hoy todo eso cambio, la lucha de justicieros que al final, no sabían si
trabajaban para alguien o a motus propio, resultaría en lo que vemos hoy, esas
luchas por el derecho a réplica, por el derecho a la privacidad de personajes públicos,
por regular o limitar lo que se dice, ve o a cualquier expresión que pueda
contradecir nuestro pequeño mundo interior, nos ha traído hasta acá, a este atolladero,
que en el siglo pasado llamaban la tiranía del proletariado, suena absurdo hoy
en día, pero es algo parecido, sucede que algunos conspiranoicos de oficio y
otros mercenarios a sueldo, nos convencieron que el mejor control sobre los
medios no era el control remoto del televisor si no una reglamentación hecha a
la medida, pero no fueron solo ellos, sucede que creamos súper hombres, semi
dioses tocados por la gracia de Dios poseedores de la verdad verdadera y sin
capacidad de equivocarse, porque podían pensar por nosotros, decidir que ver,
que oír y que pensar, se convirtieron en el fiel de la balanza del bien y el
mal, pero no se tomaron el tiempo de ver lo que pasaba a su alrededor, estaban
y siguen enfocados en verse el ombligo, para cuando levantaron la cabeza por el
calor, fue allí que se dieron cuenta que estaban en la hoguera que ellos mismos
habían encendido.
Es sorprendente lo que ha venido pasando, el populismo llego a la
fiesta, esa fiesta donde los populares se juntaban con sus iguales, donde los
nerds en otra esquina discutían sobre ciencias exactas, mientras un grupo abstraído
de la realidad disfrutaba del banquete. Ninguno se dio cuenta que habían unos náufragos
de todos los grupos, que se les permitía pasearse por el salón, escuchando y
observando las debilidades y fortalezas de cada grupo, nadie les presto atención,
porque eran tontos sin afiliación alguna, los genios seguían hablando en voz
alta, con toda la atención encima, mientras estos pequeñines tomaban nota y los
fieles aplaudían.
El populismo en su esencia, prometió solventar las desigualdades, acabar
con las bases del resentimiento ancestral entre las partes, así inyecto
corazones con sangre justiciera, cuando estos no entendía que en la desigualdad
esta la belleza de un grupo, todos aspiraban estar en el grupo de otro y el
populismo logro decir que lo lograrían, ojo, no estoy hablando que lo lograrían,
solo supieron encontrar la debilidad, alojarse allí, y mancillar cualquier
valor que encontrara a su paso, porque al final, el yo, el súper yo, como dicen
los psicólogos, puede más en el ser humano que otra cosa, así que la satisfacción
personal pesa más que otra cosa y esa es la base del populismo, resolver el
problema individual de mucha gente, o al menos proponerlo, ahora bien,
solucionar el problema individual de mucha gente, no te acerca a una solución
para mucha gente, solo a una solución para muchos unos. En todo caso, no
importa es solo la filosofía, no van a resolver ni el problema general ni el
particular, solo se basan en la oferta de que conocen tu problema, y de ahí la empatía,
y que trataran de solventarlo.
Ahora bien, a modo de franquicia, todos los populistas, para los que
quieran verlo así, llamados de izquierdas o derechas (no existe tal, cosa, solo
populistas) tienen el mismo modus operandi. Hay que destruir, descalificar y
reducir a su mínima expresión al 6to poder, hay que aprovechar que es fácil, ya
están lo suficientes puestos en entre dicho, que lo único que hay que hacer, es
que apoyar al grupo con más peso (por eso lo de izquierdas o derechas) para
destruir en el menor tiempo posible cualquier estructura del 6to poder.
Una vez destruido el 6to poder, hay que suplantarlo, o sustituirlo por
las neo figuras que ocupan su espacio, o mal llamadas redes sociales, quienes
van a hacer la labor exacta para la que fueron creadas, es decir, crear tendencias
y modas, pasamos de la capacidad periodística de argumentar, dar seguimiento y
desentramar situaciones, al simple chisme sin fundamento, una teoría
Gobbleliana en su máxima expresión, mientras más apoyo a una red social, lo que
ella diga será verdad, no la verdad, si no, su verdad.
Ese es el gran aprendizaje que nos han dado los populistas, que al
final, no pasa nada, ese controlador que llamábamos 6to poder es ahora una versión
atomizada entre pares, no preparados, sin análisis de lo que sería la información.
Hoy en día cuando la información de lo que sucede de una esquina a otra del
globo terráqueo puede tardar segundos en difundirse, a diferencia del siglo
pasado, que tardaba cuando menos dias, le da un poder a las redes sociales tan increíble,
que nos hace volver a lo más primitivo del ser humano, donde el que más grita o
más apoyo tiene, por defecto tendrá la verdad en sus manos, y como por lo
general, están cubiertos por la privacidad y el anonimato, no importa lo que
digan, son inmunes a cualquier forma de réplica.
Al final, lo que pasa hoy es que hemos destruido uno de los poderes, la
balanza se movió en favor de algunos y dejo a la deriva a otros, el elefante
blanco llamado medios de comunicación, como un boxeador cansado, sigue en la
lona escuchando el conteo y aun no reacciona a lo que le sucedió y su esquina
sigue sin saber que o quien lo golpeo. poco tiempo le queda si desea
sobrevivir, adaptarse a las nuevas técnicas de información es el reto ahora,
hay que salvar la ética y el profesionalismo y desterrar a los mal llamado
influencers del control, para dejarlo en manos de los que se han preparado para
ello con algo más que un comentario sarcástico, entender que el tiempo de los
semi dioses ha pasado y recuperar los espacios perdidos, la sociedad sigue
buscando información, pero ante la decisión de no saber en quien creer, no
creen en nadie, y lo que resulta es que no pasa nada.
Hoy el presidente populista de algún país, puede hacer lo que sea, ya no
necesita un ejército armado para defender sus ideales, ese ejercito ahora esta
tras las redes sociales, con un avatar que pueda secundar su opinión y hacer
viable cualquier cosa, no importa lo que pase, porque al final, no pasa nada.